El nombre feng shui se hizo común durante la dinastía Song, entre 960 y 1279. Para entonces cristalizaron dos grandes aproximaciones. La escuela de la Forma leía montañas, valles y cursos de agua; la escuela de la Brújula trabajaba con direcciones, cálculos y el luopan, un instrumento de anillos concéntricos.
La práctica nunca perteneció únicamente al ámbito doméstico. Se utilizó para situar tumbas, viviendas, templos, palacios, jardines y aldeas; también intervino en el trazado de capitales y obras públicas. Cambiaba la escala, pero la pregunta se mantenía: cómo insertar una construcción en las fuerzas visibles e invisibles de su entorno.
En ese pensamiento, qi nombra una materia o aliento vital en circulación; yin y yang describen modos complementarios que cambian entre sí. Wuxing significa «cinco fases» o «cinco procesos»: madera, fuego, tierra, metal y agua. Son estados dinámicos, no cinco sustancias inmóviles.
Las fases se asociaron con estaciones, direcciones y colores. El verde azulado correspondía a la madera; el rojo, al fuego; el amarillo, a la tierra; el blanco, al metal; y el negro, al agua. Este núcleo histórico convive hoy con una paleta mucho más extensa.