DE LA BOLSA AL SINTETISMO
La decisión era atrevida. Su esposa se opuso firmemente y sus amigos lo contemplaron con incredulidad. Pese a todo, Gauguin asumió el riesgo.
Al principio imitó a los impresionistas. Pronto comprendió que aquel camino no era el suyo y empezó a buscar un lenguaje más simbólico. Lo encontró en las formas sencillas, el color denso y una expresión liberada de la perspectiva académica.
El nuevo enfoque desarrollado por Gauguin, Émile Bernard y Louis Anquetin recibió el nombre de sintetismo. Mientras el impresionismo trataba de captar sensaciones visuales fugaces, Gauguin empleaba el color y la forma para expresar pensamiento y emoción. El método aparece con especial fuerza en Visión después del sermón (1888) y El Cristo amarillo (1889).
Visión después del sermón
1888 / National Galleries of Scotland
LA OREJA DE VAN GOGH
En 1888, Vincent van Gogh invitó a Gauguin a Arlés. Van Gogh soñaba con crear un «Taller del Sur», una hermandad de artistas afines. Gauguin acudió, pero la convivencia resultó difícil. Van Gogh lo admiraba, aunque sus ideas sobre el arte diferían profundamente.
Las discusiones constantes desembocaron en un conflicto que culminó en la célebre crisis durante la cual Van Gogh se mutiló la oreja. Conmocionado, Gauguin abandonó Arlés. Más tarde describió aquel periodo como uno de los más difíciles de su vida.
LA HUIDA A TAHITÍ: EL NACIMIENTO DEL ESTILO MADURO DE GAUGUIN
Desilusionado con Europa, Gauguin viajó a Tahití en 1891 en busca de inspiración y de una vida libre de las convenciones de la civilización occidental. Allí encontró el entorno en el que tomó forma su lenguaje visual maduro.
Mujeres de Tahití en la playa (1891) señala una temprana inmersión en una nueva cultura y una nueva paleta. ¿Cuándo te casarás? (1892) se convertiría más tarde en uno de los cuadros más caros jamás vendidos.
Entre las obras más enigmáticas se encuentra El espíritu de los muertos vela (1892). Representa a Teha’amana, la compañera tahitiana de Gauguin, que solo tenía trece o catorce años. Yace en una cama con expresión inquieta mientras una figura oscura se alza tras ella, encarnación de un espíritu tahitiano de la muerte.
El amarillo y el violeta crean una atmósfera de desasosiego e intensifican la sensación de misterio e irrealidad. La desnudez y la postura de la muchacha sugieren vulnerabilidad ante fuerzas situadas más allá del mundo visible. La pintura se convirtió en una obra fundamental del simbolismo y anticipó la creciente fascinación de la vanguardia europea por los motivos espirituales y arcaicos.
¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos?
1897—1898 / Museum of Fine Arts, Boston
REGRESO A PARÍS
Tras dos años en Tahití, Gauguin regresó a Europa en 1893 lleno de esperanza. Organizó en París una exposición de sus pinturas tahitianas y esperaba obtener reconocimiento. El resultado fue decepcionante. Se vendieron unas pocas obras, pero los críticos mostraron escaso entusiasmo y calificaron los cuadros de toscos y primitivos.
El público europeo no estaba preparado para sus colores intensos, sus temas desconocidos y su rechazo de la perspectiva académica. Gauguin llegó a la conclusión de que Europa no valoraba su arte.
Su vida privada tampoco le ofreció alivio. Intentó reconstruir la relación con su esposa Mette, pero ella lo rechazó. Su matrimonio se había derrumbado durante los años de separación. Ella había soportado graves dificultades económicas después de que él abandonara su carrera y había criado prácticamente sola a sus cinco hijos mientras Gauguin vivía como un errante.
La correspondencia con su hija Aline se convirtió en su principal vínculo con la familia. La quería, compartía sus pensamientos con ella y trataba de conservar al menos un lazo frágil con su vida anterior. Ni siquiera ese vínculo pudo retenerlo en Europa. Dos años después de regresar, Gauguin partió de nuevo hacia Tahití.
CRISIS Y TESTAMENTO
La enfermedad agotaba el cuerpo de Gauguin: sífilis, problemas cardiacos y dolor persistente. En 1897 recibió la noticia de la muerte de Aline. La pérdida lo devastó y ahondó su aislamiento y su depresión. En aquel estado produjo algunas de sus obras más filosóficas y conmovedoras: pinturas sobre la vida, la muerte y la búsqueda de sentido.
¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? (1897) es la declaración filosófica central de Gauguin. La imagen se despliega en tres grandes etapas de la existencia humana. A la derecha, un bebé representa el nacimiento y el comienzo de la vida. Los adultos ocupan el centro y sugieren la madurez y la búsqueda de sentido. A la izquierda, una anciana afronta la proximidad de la muerte.
Una vegetación exótica se extiende sobre las figuras. Un ídolo al fondo evoca la fe espiritual y un mundo situado más allá de la experiencia ordinaria.
Después de terminar el cuadro, Gauguin intentó suicidarse ingiriendo veneno en las montañas. Sobrevivió. La obra, concebida como despedida, se convirtió en una de las pinturas que definieron el arte moderno. Gauguin la consideraba su obra maestra.
En 1901, Gauguin se trasladó a las islas Marquesas, aún más lejos en el Pacífico y más lejos de todo cuanto se asociaba a su vida anterior. Murió allí a los cincuenta y cuatro años, aislado y sin el reconocimiento que había buscado. Su muerte suele atribuirse a una insuficiencia cardiaca. La fama internacional solo llegó después.